29.6.17

E S P A C I O S

I
No estoy vacía:
Cargo con un ramo de aromas
Sostenido por telarañas de incienso

A la naturaleza aérea
Le enredo una estola de suspiros
Inhalo el rostro del espacio
Cunden las gardenias
Ha nacido una Tierra invisible
Me colmo el cuerpo de polen
Brota su manto en la garganta

Porque respiro no estoy vacía
Tengo un jardín en los pulmones.


II
Esta es una belleza que no pretende ser de mármol
Es más una mariposa que nunca fue oruga
Que al paso rasga su sombra contra las piedras
Para extirparse el túnel
Despintarse
Sacar la oruga de la entraña
La tristeza atrapada en sus alas
Una belleza que desea arrastrarse
Pero inasible
A la sombra del lodo
Sigue volando
en condición de gusano
que pendula entre nubes
en busca del capullo primigenio.


III
No digas que el cielo se ha desmejorado
Sólo porque es otoño
No creas que la gente es cruel y sombría
Sólo por las cabezas que cuelgan del puente
No todo está perdido
Estás aquí más presente que muerto
No pienses que te olvidé;
Sólo intento que no duela
No comas ansias
Come de mí
Que estoy como kiwi verde
Tan ácida
Que te fundiría la somnolencia
De un bocado sólido.


IV
Qué hace el vino
Que cuando lo bebo te borras
Que al derramarlo, apareces
Ofuscado y difuso
Qué te hace el vino
Que yo no te haya hecho
Para volverte una bestia escarlata
Para desbocarte como río de sangre y lava
Yo también te he enrojecido los labios
Te doy más vértigo que la razón
Pero a mí no me tomas con furia
No me tomas por el cuello
Hasta vaciarme
Qué te hace el vino que a mí no
Me hace lo que tú
Pues me apetece más tu cuerpo
Que la copa llena y púrpura
Qué te hace para que tú
Lo prefieras
A él
O al ron
Al vodka
 Al opio
Qué te hacen todos ellos
Qué te hacen
Que yo no

Siento

Nada.



V
Tiembla
Otra hoja
En la ventana:
Ha fallecido en el aire.
La ventisca toma por los hombros al naranjo
Lo sacude preguntando
¿Qué soy?
¿Puedes sentir mis manos?
Pero el naranjo
Que nunca ha mirado al viento, lo abraza
Se erotizan, se fusionan
Son los amorosos
Invisibles
Los aromas que guardo en este ramo
En este espacio que sostengo
Con esencia a flor de azahar.
VI
Más incierto que mi sombra en la noche
Más obscuro que un párpado
Más inmune
Más feroz
+
Todo esto que no soy
Es
igual
a mi afán
De borrarte
Que es un afán
Mucho más obsoleto
Que el de echarte de menos.



VII
Hay que cargarse completo a uno mismo
Tejerse la sombra propia a la bastilla
Avanzar y no mirarla crecer
Sólo arrastrarla como a una muñeca de trapo
Que se mojen sus ojos
Contra los charcos tibios
Que disuelva el sendero
Reinventando universos con el lodo
Arrancarse los ataúdes que habitan en las costras
Sacudirse al muerto
Avanzar y crear
Reinventar y simplemente largarse
Tras los escurridizos pasos
De la incertidumbre
De este espacio

En el azar.

Mis demonios se llaman barco

Le llamas a la mediocridad, casa, y a la cobardía, sofá

Que tu empleo es tu bandera y tu ego un disfraz

Sé que estás triste y que usas un chaleco con muchas bolsitas

Para guardar todo aquello que no alcanzas a procesar

Es demasiado para ti el amor

Es demasiado la felicidad sin un dios

Es demasiado un libro que no te cura

Es demasiado un cuerpo que te libera

Sé que prefieres huir a lanzarte

Que te inspira más la duda a la experiencia

Que conociste a Circe por accidente

Y le escribes poemas diciéndole a Penélope que son para ella

No eres Ulises y no aceptas la mar ni a las sirenas

Pero sí un vaso con agua al que nombras hogar

En tu mediocridad, o sea en tu casa

Sé que sollozas bajo tu soledad a la que llamas regadera

Sollozas bajo el agua de tu lamento

Lamentas no saber escapar de tus prejuicios

Pero no todos nacimos para gimotear sobre un sofá

No todos nos recostamos en la cobardía a ver la tele

Te escondes tras de un lente para no ser visto

Y si te ven, sientes el disparo por la espalda

Es una traición que tus ojos sean aprehendidos por otros ojos

Es un horror que tu lente me haya sacado de cuadro

No te apures, marinero de agua tibia, yo soy capitán

Mis demonios se llaman barco surcan acertijos sobre mar abierto

Navegué una sola vez por tu pecho al que llamas escondite

Recuerdo la turbulencia y la calma como si fueran cualquier día y noche

Temes quedarte en el barco, temes recordar cómo se nada

Prefieres remojar tu timidez bajo la soledad de tu regadera

Hacerte chiquito y sentarte a fumar sobre tu cobardía

Te engrandeces con el zoom de un lente que captura la belleza ajena

Pequeño, mediocre, discúlpame

Toma un vaso con agua para que naufragues en la costa del vidrio


Te bajaré de mi barco y te regresaré a tu hogar. 


5.5.17

Lo vi crecer

Él nunca paró de crecer
desde que estuvo en mi vientre hasta que le vi crecida la barba en su féretro
creció en mi interior desde que era una diminuta gota
se hizo semilla de luz que germinó hasta que sus tallos cosquillearon mi juventud
y lo parí hermoso, como cualquier ser que respira por primera vez en nuestro regazo
yo lo vi crecer entre mis brazos hasta que caminó y tuve que arrojarlo al mundo
a trazar sus propias huellas hacia el estudio constante y la rutina de niño disciplinado

Lo regué, como se riega a un brote que débil estira sus hojas como alas hacia el cielo
cuidé del esqueje que pronto convirtió su tallo en rama y su rama en tronco
y lo regué hasta que mis aguas mismas lo alejaron hacia el bosque de amigos

Yo lo vi crecer y regresar a mis brazos cuando me halló sola en la pista de baile

Volvió convertido en adolescente, a la edad justa en que yo lo había parido
quizá heredó mi placer por el ridículo, mi pasión por el goce del instante
bailamos sujetados de las manos con el lazo que teje el amor cómplice de la maternidad
y tuve que soltarlo para cambiar nuestro fuego en la pista por su marcha nupcial
lo solté en el altar y lo entregué a una mujer que lo enredó en su regazo de tormentas
se casó con ella y lo vi crecer en sus finanzas
formar una familia, darme nietos, forjarse una carrera, hacerse un hombre de bien
cada visita suya le encontraba más canas, más cansancio, pero le encontraba más hermoso, como todo ser que respiró por primera vez frente a mis ojos y que ahora suspira inicios de vejez

Cuando supe de su cáncer no me quedó más que orar y orar, pero a pesar de ello
a ese maldito cáncer, lo vi crecer
mientras mi hijo languidecía y ocultaba con ese fuerte ceño cualquier resabio de dolor
su mujer decidió que era exclusivo suyo el espectáculo del crecimiento agónico de mi hijo
y no lo vi más hasta hoy, hijo, recostado con su barba recién rasurada, sus brazos atípicamente en los costados como un elegante cadete, a diferencia del resto de los cadáveres que cruzan sus brazos frente al pecho para proteger su corazón
callado, quieto, recostado, casi diría que dormido, observé aquello que no tiene una palabra; la muerte de un hijo
no es viudez ni orfandad, simplemente el nombre no existe

Vi crecer tu barba a lo largo del velorio, la vi crecer como en aquella época juvenil en que tu padre te obsequió el juego de navajas
y ahora lo vi crecer, aun estando muerto crecía, crecía, crecía mi amor por él
me quedé a su lado hasta que entró a los brazos del fuego
una vez más lo arrojé, lo parí, lo solté
la semilla que dejó frutos, raíces sosteniendo los recuerdos, el tronco fuerte que aun estando seco por dentro, se cundía del musgo de las enseñanzas que cada quien le colgaba a manera de guirnaldas y halagos, se fue

Lo vi crecer en el fuego
y ahora lo sueño y le digo “mírate, hijo, cómo has crecido, te salieron alas, ya puedes volar.”

Siempre supe que había parido una semilla de ángel.

Esta vez, lo arrojé al cielo.

Y sé que allá, como es lo propio, seguirá creciendo en el regazo de Dios.



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Nota:
Ana Laura perdió a su hijo. Ella, siendo poeta, quedó sin palabras. No halla consuelo y yo no hallaba cómo consolarla, así que le di mi voz para cantar la historia que melancólica me narró unas horas antes al calor de un café en Orizaba. 
Ella lo describió como una semilla que vio convertirse en árbol y marchitarse antes de tiempo. 
Ella repetía con la mirada amorosa y extraviada "yo lo vi crecer".